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El Angel del Regreso
Blog de ismaelpepe

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03 de Enero, 2011 · General

"El ángel del regreso" capitulo nº cuatro


                                   LA DIOSA PAGANA

 

Aquella noche, antes de marcharse a la guerra, Juan te pidió que lo esperaras en el porche de tu casa, con la luz apagada. Tu corazón oscilaba entre la alegría y la pena. Alegría de verlo esta noche aunque sólo sea por última vez, de tocar su rostro y pincharte las mejillas con su dura barba. De sentir su lengua cálida adentro de tu boca, buscando la tuya. De apretarte como una afiebrada amazona a sus muslos de acero. De presentir la rigidez de su sexo, incluso antes de haberte estrechado  contra su cuerpo de Adonis.

Pena oscura, amarga, como el sabor de los besos que faltan en tu vida. Besos que no han nacido y que podrían quedar truncados en tu futuro, si él no regresa de esa batalla…El aire frio de este otoño te estremece la piel y buscas el calor de su cuerpo, acurrucándote adentro de su campera inflada. Navegas en su aroma de axilas y tabaco, y te decís que este olor es el más agradable que hayas percibido. Un lucero madrugador brillante y de metal cual espada de acero,  los bendice a ambos con su sagrada lumbre, mientras se cobija lentamente con el tul de la alborada. Luego él, con la urgencia de un río que viaja hacia su mar, te pide que le otorgues su último deseo, mientras te aferra contra su cuerpo febrilmente; tal vez presintiendo un miedo a perderte. Te lo pide con la devoción y el fervor de aquel que pide una gracia a una diosa pagana antes de morir. Desoyendo las advertencias de tu madre, que te vive salmodiando de que “primero el anillo y después la prueba”, accedes. Quieres sentir lo mismo que sienten las diosas en su piel, cuando son veneradas por sus súbditos. A escondidas lo haces pasar a tu cuarto, con la excitación de una ladrona que está a punto de robarse un corazón. Todos en la casa duermen, menos tu gatita gris que ronronea mimosa en tus zapatos tacualtos, refregándose juguetonamente contra ellos y contra las zapatillas Topper de Juan. La copa de vino de su boca vuelve a ser derramada en la tuya. Una camisa de polyester amarilla  arrojada al piso, se convierte en los juegos alocados de una gata de gris pelaje. Luego le siguen ropas varias, que la mascota mordisquea con desdén.

 Una alborada estalla tras los bellos cerros azulados y te descubren la desnudez perfecta de tu hombre. Cuando se quita el calzoncillo, descubrís la perfección de su pubis, la simetría de su tórax. Entonces te trepas por su pecho cual una hiedra que escala un muro con sus uñas y sentís un duende febril que toca un tambor. Tus manos exploran temblorosas este nuevo territorio que has conquistado, descendiendo por la cuadrada espalda, acaricias las duras nalgas y lo aprietas contra tu sexo. La desnudez de ambos ha disipado tus temores ancestrales. Estás segura en tu territorio y  en su mástil has plantado la bandera del amor, como si éste cuerpo te perteneciera y fuese la extensión de tu alma gemela.

Tus ojos color tierra se han volcado en esa mirada de cielo, invadiéndolos.

La trémula carne que espera la bayoneta del soldado.

La tierra húmeda que aguarda la simiente.

Los primeros ruidos de los autobuses madrugadores. Las motos y bicicletas de los mineros que enfilan hacia las canteras, buscando  encontrar en la dura piedra de cal, el sustento de sus familias.

Una parte de él se pierde en tu cuerpo buscando refugio. Una parte que adivinabas, cuando bailaron aquel tema melódico en “Olaf” y que recién ahora experimentas.

Ese cielo se ha derramado en ti con la prisa de un aguacero, mientras otro nuevo se anuncia en el temblor de sus palabras.

Ahora conocés las reglas del amor. Y no necesitarás más a una confidente y osada amiga, para que te cuente las suyas.

Un gallo canta a la distancia el horario en que los besos terminan y los marineros zarpan. El umbral de despedida de los amantes.

¿Puede en el corazón de una mujer, caber  tanto amor?

¿Puede este duende primoroso y frágil, estallarte los sentidos con una canción de moda susurrada a tu oído? Soplarte el cuerpo cual un suave viento cálido, que se lleva definitivamente a la niña que hasta ayer fuiste.

Confesarte en tus rincones íntimos y sagrados, doscientas mil veces la palabra te amo.

Has encontrado en una sola noche, toda la dicha que no habías imaginado en toda la vida poseer.

Has prendido todo tu fuego para que este arda, por tan sólo una vez.

Has bebido junto a tu amado todas las aguas de los manantiales, sin pensar en los futuros desiertos.

Ese gallo canta por última vez. Y él se marcha llevándose una parte tuya que jamás podrá perder. Un tesoro que una mujer sólo entrega una vez en su vida.

 

 

“EL SUEÑO DE SANDRA”

Querido diario:

Hoy es poco lo que puedo contarte, casi no tengo ganas de nada. Ni de peinarme, ni de arreglarme, ni ponerme linda. Total, para qué; si Juan esta madrugada partió para las Malvinas… ¿Quién me dirá si estoy linda? ¿Quién se fijará en mi cabello largo y enrulado? diciéndome que hará con él una larga trenza, por donde trepará hasta mi corazón, para quedarse a vivir en él por siempre. ¿O me seducirá? Diciéndome que en mis ojos hay una bella chica libélula. “¡Cachorra de libélula en malla amarilla, te amo!”Me dijo las otras tardes en el río.

 ¿Sabés diario mío? Yo antes de conocerlo, me consideraba una mujer aburrida, sombría. Una chica que nunca se animó a ponerse un bikini, siendo que sus amigas le decían que tenía un cuerpo estupendo. Una hermana mayor que tuvo que cargar con la responsabilidad de terminar de criar a su hermanito menor, el Alexis. Ayudar a sostener la flaca economía de mi madre pensionada, con los pocos pesos que junto en mi peluquería, haciendo un corte de pelo, un clarito o una permanente. Desde que papá falleció hace cinco años, por la explosión en la cantera, no he hallado a nadie que me comprenda. Papá sabía todas mis cuitas, mis sueños, mis pequeñas boberías. Un padre se te vuelve más necesario cuando ya no lo tienes. Cuando no podes sentarte en sus rodillas y largarle todo ese rollo que te estrangula el estomago, para que él lo desenrolle y te reacomode las ideas. ¡Papi, Papi, como te extraño! Como quisiera hablar contigo de este amor, que me arma y desarma el corazón a la vez .Vos que sos hombre, quizás podrías ayudarme a comprender este mundo en guerra. ¿Por qué tuvo que pasarme a mí? ¿Por qué el ser que más amo? Ha debido marcharse a pelear por la Patria, en un lugar tan lejano. ¿Por qué de repente ahora? Todos se han vuelto patriotas, como mi futuro suegro. Sí papacito, tengo un suegro y una suegrita que es muy amorosa y sumisa; con decirte que me llama hija. Pero no quiero que te pongas celoso, aunque pueda formar en el futuro mi propia familia. Yo siempre voy a quererte. Siempre voy a ayudar a la mamá y al Ale; yo te lo prometí aquella vez en la cantera, antes de que te fueras para el cielo. Y sabés que soy de cumplir. Palabra de mujer.

Cuando te dormís esa noche, te sorprendes vagando desorientada por la cantera de cal. Es un lugar distinto a lo habitual, un lugar frio y neblinoso. Parece que no reconocieras esta zona, donde durante quince años, junto a tu madre, las dos montadas en bicicletas Cinzia, de lunes a sábado le traías el almuerzo a tu padre. La niebla crece con un aullido que te sofoca el pecho, un aullido de angustia desgarrador que te llena de incertidumbres y temores.

 Seguís el derrotero que te marca ese lamento…y debajo de una horadación producida en la roca, lo vez a Juan. Tú Juan .Él te pide a gritos que lo salves y vos llorando le contestas-¡Ya voy amor mío!

 Mientras forcejeas con su cuerpo, tomándole por las axilas con todas tus fuerzas. Ojos diabólicos se encienden en medio de la oscuridad tumultuosa. Ojos de antiguos guerreros, piratas de un país lejano. Al mirarte la blusa ensangrentada con la sangre de Juan, sabes que te encuentras jugada. Tu blusa esta hecha con una bandera celeste y blanca, los colores de tu Patria. Esos ojos toman corporeidad en figuras de recios mercenarios, guerreros de ojos rasgados que nunca habías visto. Uno de ellos grita -¡Argentina, Argentina!- como si te llamara por tu nombre.- ¡Soy Sandra!- Alcanzas a decir, pero él ya se te abalanzó encima. Una mano inmensa se hunde en tus muslos. Otra te levanta en vilo y otra te arranca a jirones el pantalón. Otra te hace añicos la blusa color bandera. El  gurka que te toca los muslos extrae de su bragueta una cuchilla que parece un falo; tiene intenciones oscuras. Juan les implora que te dejen, que no te hagan daño; ofreciéndose él en lugar tuyo. Uno de los tipos contesta sí, aceptando el trato. Otro te arroja con furia en un montón de pedregullos y otro agarra de un brazo a Juan y lo jala despiadadamente de la piedra que lo atenazaba. El lanza un alarido de dolor que se te clava en los huesos y el alma, mientras es arrastrado a la oscuridad de la niebla. Querés gritar y el sonido no te sale, como si te hubieran llenado la boca y la garganta con arena.

Después, llorando y tiritando de frio por tu desnudez, tomas un retazo de lo que ha quedado de tu bandera, tratando de cubrirte. Con pasos vacilantes tratas de llegar a la piedra donde estaba Juan, pero él ya no está; sólo hallas dos piernas que han sido cortadas violentamente de cuajo, amoratadas y frías. Con el retazo de tu bandera las envuelves ceremoniosamente, cual un ritual.

La bandera y el cuerpo.

Un cuerpo que fue la extensión de su bandera.

Ahora ha comenzado a llover. Llueve sobre vos y sobre ese trozo de humanidad lacerada que sostenes como si acunaras a un niño. Mientras cae una pertinaz lluvia y quisieras estar muerta. De qué te sirven dos piernas, si no tienes a tu amor completo.

 Llueve y desgarradamente, con tu dolor aciago llamas a tu padre-¡Papá, Papá!- Llueve y desde una cueva excavada en la cal, sale tu padre, lleva una linterna en su mano, en la otra sostiene su poncho, y te dice- ¡Nena, mi nena! ¿Qué le pasa? Envolviéndote con el poncho, te levanta en sus brazos y te arroja fuera de este amargo sueño.

 (Fragmento perteneciente a la novela "El ángel del regreso" autor Ismael Clavero,  editorial Arkenia. Comprala en MercadoLibre.com.ar

publicado por ismaelpepe a las 12:50 · Sin comentarios  ·  Recomendar
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Duilio Ismael Clavero

Ismael nacio en la ciudad de Villa Dolores, provincia de Cordoba. En su adolescencia emigro junto con sus padres a la Capital Cordobesa, buscando edificar un porvenir. Escribe desde niño.Su ultimo libro es una novela que narra una historia de amor,entrelazada con aquella antigua leyenda del cacique Comechingon,y el Arcangel Uriel, que le supo contar su abuela paterna...

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